Comienzo un nuevo curso con mis Amiguitos de 5 años A. Como todos los años las primeras semanas en el instituto español "Giner de los Ríos" en Lisboa están llenas de novedad: aulas, profes, padres, consejeros, equipo directivo. Estos cambios hacen que trabajemos sin hora. Hay que mover todo el material al aula nueva, explicar a los profes nuevos nuestra forma de trabajo, coordinarse con nuestras/os compas, planificar el curso... Todo está bien empleado para recibir a nuestros alumnos/as. En infantil siempre hay tareas que hacer: buscar recursos, canciones, poemas, vídeos elaborar listas, escanear fotos, diseñar identificadores. Planificarlo todo para responder a las necesidades que tienen los niños y niñas de nuestras clases. Aunque la señora Aguirre piense que trabajamos poco, seguro que es porque no nos conoce o no lee mi blog.
Comienza un nuevo curso y la situación social de España y Portugal no son muy halagüeñas. Algunos políticos tratan de desprestigiar a los docentes y de paso infravalorar a la enseñanza pública. Los profesionales de la enseñanza debemos responder como sabemos: trabajando, ilusionándonos con lo que hacemos, educando a nuestros alumnos para preparar ciudadanos responsables y comprometidos con un mundo solidario y respetuoso con el desarrollo sostenible del planeta; con el trabajo, por supuesto, pero con una actitud firme en defensa de la ESCUELA PÚBLICA.
viernes, 23 de septiembre de 2011
COMIENZA UN NUEVO CURSO
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Elmer: el elefante de colores
Casi siempre iniciamos el día con un cuento. Hoy, les he contado el cuento de Helmer, el elefante de colores. Os lo pongo aquí para que disfrutéis leyéndolo con vuestros hijos/as
Esto era una vez un rebaño de elefantes. Había elefantes jóvenes, elefantes viejos, elefantes gordos, elefantes altos y elefantes flacos. Elefantes así y asá y de cualquier otra forma, todos diferentes, pero todos felices y todos del mismo color . . . menos Elmer.
Elmer era diferente. Elmer era de colores. Elmer era amarillo y naranja y rojo y rosa y morado y azul y verde y negro y blanco. Elmer no era color elefante.
Y era Elmer el que hacía felices a los elefantes. Algunas veces Elmer jugaba con los elefantes, otras veces los elefantes jugaban con él; pero casi siempre que alguien se reía era porque Elmer había hecho algo divertido.
Una noche Elmer no podía dormir porque se puso a pensar, y el pensamiento que estaba pensando era que estaba harto de ser diferente. “¿Quién ha oído nunca hablar de un elefante de colores?”, pensó. “Por eso todos se ríen cuando me ven.” Y por la mañana temprano, cuando casi andie estaba todavía despierto del todo, Elmer se fue sin que los demás se dieran cuenta.
Caminó a través de la selva y se encontró con otros animales. Todos le decía:
Buenos días , Elmer. Y Elmer contestaba a cada uno: ¡Buenos días!
Después de una larga caminata, Elmer encontró lo que andaba buscando: un árbol bastante alto. Un árbol lleno de frutos color elefante. Elmer agarró el tronco con la trompa y sacudió el árbol hasta que tdos los frutos cayeron al suelo.
Cuando el suelo quedó cubierto de frutos, Elmer se tiró encima de ellos y se revolvió una vez y otra, de un lado y del otro, hasta que no quedó ni rastro de amarillo, de naranja, de rojo, de rosa, de morado, de azul, de verde, de negro o de blanco. Cuando terminó de revolcarse, Elmer era igual que cualquier otro elefante.
Después de esto, Elmer emprendió el camino de vuelta a su rebaño. Se encontró de nuevo con los animales. Esta vez le decían todos:
Buenos días, elefante. Y Elmer sonreía y contestaba:
Buenos días – y estaba encantado de que no le reconocieran.
Cuando Elmer se encontró con los otros elefantes vio que estaban todos de pie y muy quietos. Ninguno se dio cuenta de que Elmer se acercaba y se ponía en el centro del rebaño.
Al cabo de un rato Elmer se dio cuenta de que algo raro pasaba; pero ¿Qué podía ser? Miró a su alrededor: era la misma selva de siempre, el mismo cielo luminoso de siempre, la misma nube cargada de lluvia que aparecía siempre de vez en cuando y finalmente los mismos elefantes de siempre. Elmer los miró bien.
Los elefantes permanecían completamente quietos. Elmer no los había visto nunca tan serios. Cuanto más miraba a aquellos elefantes tans erios, tan silenciosos, tan quietos y tan aburridos, más ganas le entraban de reír. Por fin no pudo aguantarse más, levantó la trompa y gritó con todas sus fuerzas:
¡¡¡TURURÚÚÚ. . . .!!!
Los elefantes saltaron por el aire de pura sorpresa y cayeron patas arriba:
Ah, uh, oh . . .! exclamaron, y luego vieron a Elmer que se moría de risa.
¡Elmer! –dijeron. ¡Seguro que es Elmer! Y todos los elefantes empezaron a reírse como nunca se habían reído antes.
Y mientras se estaba riendo empezó a llover; la nube descargaba toda el agua que llevaba y los colores de Elmer empezaban a verse otra vez. Los elefantes se reían cada vez más al ver que la lluvia duchaba a Elmer y le devolvía sus colores naturales.
¡Ay, Elmer! Tus bromas han sido siempre divertidas, pero ésta ha sido la más divertida de todas –dijo un viejo elefante, ahogándose de risa. Y otro propuso:
Vamos a celebrar una fiesta en honor de Elmer. Todos nos pintaremos de colores y Elmer se pondrá de color elefante.
Y eso fue justamente lo que todos los elefantes hicieron. Cada uno se pintó como mejor le pareció y, desde entonces, una vez al año repiten esta fiesta. Si en uno de esos días especiales alguien ve a un elefante color elefante, puede estar seguro de que es Elmer.









